fbpx

Amor real

En Zona E, amamos las historias auténticas, las que perduran para ser contadas generación tras generación y las de amor, ¡nos derriten!

 

Dicen por ahí, que muchos amores de los buenos, comienzan con un: “yo con ese, ni loca”, y esta es la historia de Carolina, pero antes devolvámonos un poco…

 

Existen varios tipos de mujeres y por ahora les contaremos sobre dos. Las del primer grupo son las eternas novias. Tienen una capacidad impresionante para superar las tusas, sea porque tienen un amor propio directamente proporcional a esa habilidad o porque aman estar en una relación e hasta le temen a la soledad.

 

Están las del grupo dos: Que tras una relación de unos 4 o 5 años les es supremamente difícil volverse a ver en ese lugar romántico, por lo que empiezan a tener relaciones efímeras y terminan metiéndose con chicos con los que ellas mismas saben que nada va a resultar. Todo esto porque en el fondo puedan temerle al compromiso y buscan lo inviable o simplemente porque ya les cuesta confiar, aman la soltería y no están dispuestas a permanecer con cualquiera simplemente porque sí.

 

Ok, Carolina pertenecía al grupo 2. El de las mujeres que aceptan su soltería, la disfrutan, pero han tenido una serie de malas jugadas de cupido y por alguna extraña razón acaban en alguna red social entablando conversaciones constantes con un chico que supo pasar el filtro de los muchos que a las mujeres nos abordan con premisas que lo máximo que alcanzan es un bloqueo o un cupo directo a la #friendzone

 

Las relaciones cibernéticas que sobreviven pueden tornarse divertidas, amistosas (amigos imaginarios cibernéticos), hasta que por alguna millennial razón terminan enganchando.

 

Carolina, era una chica intelectual que conoció a Fabricio en un grupo de expertos en botánica. Así fue como empezaron a hablar inicialmente de cosas técnicas, nació el interés y de un momento a otro empezaron a compartir mucho más que descripciones e identificaciones de plantas… ¡tranquilos! Me refiero a anécdotas diarias y confidencias.

 

Tras dos meses llegaron a la parte complicada. Empezaron a aparecer sentimientos. Carolina pensaba que era algo ridículo avanzar sabiendo que Fabricio vivía en otra ciudad y su prioridad no era viajar a ver a un chico, ¡a ver! No era momento de luchar por nadie y menos por alguien a quien apenas conocía hacía dos meses por un chat de plantas. Pero en el fondo era una romántica.

No Comments

Sorry, the comment form is closed at this time.